Diario de un insumiso preso, Carlos Fueyo Tirado, Ed. Cambalache, 2015.

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Diario de un insumiso preso, Carlos Fueyo Tirado, Ed. Cambalache, 2015.

Concebido en un principio como un trabajo colectivo de memoria sobre la Insumisión, “Diario de un insumiso preso” terminó materializándose en un libro con entidad propia centrado en unas memorias escritas en prisión, a las que el paso de los años ha dotado de un interés doble.

Por un lado, nos devuelve una mirada, en parte retrospectiva, sobre la lucha del movimiento de la Insumisión. Uno de los movimientos de desobediencia civil más interesantes tanto en el Estado español, como en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XX. La otra, la de la realidad diaria en las cárceles desde los ojos de una persona rebelde y luchadora privada de su libertad.

Cuando yo era un adolescente, tres movimientos complementarios que descubrí a la muerte de mi infancia, tuvieron una influencia fundamental en los primeros años formativos de mi particular escuela de rebeldía. La Insumisión, las radios libres y la okupación. Tres formas diferentes de desobediencia, de cuestionar la realidad e intentar crear formas diferentes para cambiarla. La insumisión fue un punto de partida para muchas personas, que una vez suprimido el servicio militar obligatorio, canalizaron sus esfuerzos y energías hacía diferentes luchas, tal como muy acertadamente señala el autor en la introducción del libro.

Aunque los precedentes más cercanos a la Insumisión se pueden rastrear en la objeción de conciencia, principalmente de testigos de Jehova durante el tardo-franquismo, la Insumisión fue un movimiento que iba mucho más allá del simple rechazo al servicio militar obligatorio. Desde el movimiento anti-militarista se realizó un cuestionamiento al modelo nacional heredado después de 50 años de dictadura franquista y posterior continuismo monárquico tras la denominada transacción democrática, así como la lógica militarista  en su conjunto y la criminal industria militar que se alimenta de esta… Y aunque puede afirmarse que se “ganó la batalla, pero se perdió la guerra”, ya que el fin del servicio militar obligatorio, trajo consigo el desinfle de la Insumisión, esto no le resta el mínimo mérito a la lucha de esos jóvenes que en muchos casos, pasaron de una rebelión instintiva del “mecagondios a mi no me cortan el pelo ni me hacen besar ese puto trapo”… a desarrollar una conciencia política clara que se ha ido extendiendo más allá de la lucha del antimilitarismo en diferentes frentes y muy diversas luchas a lo largo de los años. En este sentido, tanto el prólogo del autor, como los dos prólogos que lo acompañan, ayudan perfectamente tanto a situar el contexto como a ayudar a entender, a las personas que no vivieron tan intensamente esos años, o memorias olvidadizas, la heterogeneidad y fuerza del movimiento.

A principios de los años 90, el movimiento pro-Insumisión comienza su estrategia de quebrantar el tercer grado con el que la reforma del entonces ministro de Justicia del PSOE, Juan Antonio Belloch, trata de camuflar el hecho de que se está condenando a miles de jóvenes a penas de entre dos años, cuatro meses y un día a seis años de cárcel, lo que lleva a muchos de estos a la cárcel. Es en este período en el que Carlos es encarcelado en la prisión de Villabona, Asturies, de triste actualidad en los últimos tiempos, ya que en los últimos años, al menos una decena de internos han muerto y siguen en circunstancias oscuras, no lo suficientemente aclaradas por la administración penitenciaria.

Es esta realidad, la que nos muestra en toda su crudeza Carlos en su diario. La de las personas arbitrariamente privadas de su libertad, por unas leyes y un sistema creado a la mirada de los poderosos. Y a través de sus reflexiones y sus ojos rebeldes, descubrimos aspectos de la vida cotidiana dentro del sistema penitenciario, los mecanismos de solidaridad entre presos, los mecanismos coercitivos de represión usados por los carceleros, etc.  Tal como tan certeramente señala el autor en uno de los pasajes con más fuerza del libro: “los carceleros son la negación de la libertad”

El libro se cierra con un epílogo en el que el filósofo, sociólogo y ensayista Cesar Rendueles trata de establecer un cierto hilo transmisor entre la Insumisión y algunos de los movimientos sociales de respuesta a las agresiones del Sistema y el Capital en los últimos años que genera división de opiniones entre defensores y detractores del mismo… Dicho esto, os puedo asegurar que nos encontramos, ante un relato apasionante de uno de los períodos más interesantes de la Historia de las luchas sociales de este país, contado por uno de sus protagonistas. Un libro que atrapa a todas y cada una de las personas que conozco que lo han leído.

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